Tribuna abierta de opinión

Instituciones,Democracia y Libertad

domingo, 21 de julio de 2019

LA OPINIÓN DE JAVIER PIPÓ


LA AZOTEA

EL NUEVO MODELO
21 DE JULIO 2019


A pocas horas de la compaginación parlamentaria o mejor, conjunción copulativa entre compañeros ideológicos, nos toca a más de la mitad de los ciudadanos de la España aún más invertebrada desear que, entre la jadeante UE aún con vida, y el resto de los amigos y aliados del occidente cristiano y democrático, ayuden a evitar lo que a todas luces hace presentir una catástrofe sin paliativos.

Miren, no hago apuestas por el resultado final de una semana histórica, por otra parte previsible, en la que por vez primera tras ochenta años de política – la mitad de los cuales fueron antidemocráticos- el marxismo estalinista revestido de partido parlamentario, alcanza el poder de forma impecablemente legítima pero absolutamente pavorosa. Desde luego no había ocurrido desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978, ni ocurre en ninguno de los sistemas irreprochablemente democráticos, parlamentarios y representativos de los veintiocho socios de la UE, donde salvo algún antecedente en Francia o Italia, más pintoresco y anecdótico que episódico, se desconoce tal ejemplo de suicidio colectivo. Y aún pretendía el aspirante convertirse en líder europeo de la socialdemocracia, seguramente ante el asombro y la chanza contenida de sus conmilitones.

Y ocurre de la mano de un Partido socialista ajeno al socialismo democrático de Bad
Godesberg, de Suresnes y del socialdemócrata Felipe González. Es sin duda el socialismo de puertohurraco, devenido en sanchismo antidemocático, autoritario, antinacional y en cierto modo, antisistema. Un socialismo que desborda el más negro zapaterismo, lindando la coleta del populismo indigente, bolivariano, violento y comunista del podemismo. Y claro, no existen mejores compañeros, ni oportunidad igual, para hacer realidad los sueños del nacionalismo independendista de una Nación con Estado; o cuando menos, conocer la gran mamarrachada de la nación de naciones predicada desde el poder constituido a la espera de su transformación en poder constituyente. Y a eso vamos, a una transformación del ordenamiento constitucional que haga irreversible – nada lo es y menos en la vida social- la conquista del poder que ahora, enseguida va a ser conseguido. Y el precio a pagar se verá en el transcurso de los años y muy vinculado al propio desarrollo de los acontecimientos europeos. Y que nadie espere grandes convulsiones porque ahora, aunque sin antecedentes ejemplificadores, no parece se camine en esa dirección.

Hay ya mucho trecho recorrido. Un sistema educativo vinculado a los valores de la
izquierda estatista, incluida la Universidad; cuerpos sociales intermedios de donde desaparecieron valores y principios más o menos tradicionales a los que se decide sustituir impidiendo su evolución natural; una intelectualidad podrida ajena a los principios de la verdad científica y entregada a la subvención dirigista; la Iglesia, desbordada, incapaz de transmitir mensajes que poco trascienden más allá que los propios de una oenegé; un empresariado incapaz de defender en mesas de negociación intereses generales, más allá de los privativos; el Poder judicial, politizado y cada vez menos independiente, cansado de constituir instancia de resolución de conflictos sociales, económicos y políticos cuya interpretación operativa debe contenerse en un ordenamiento jurídico exigente y solvente, que se cumpla hasta las últimas consecuencias. Y una clase política que, salvo numerosas excepciones, resulta de bajísimo nivel intelectual, de vocación trincona y muy sensible a la corrupción de una sociedad entumecida, ajena a los intereses nacionales y hundida en el buenismo colectivo, tan nocivo como inútil y arrasador.

De manera que, en ese escenario propicio, dos líderes incompatibles en su ambición han protagonizado al unísono un espectáculo politicamente bochornoso y moralmente cutre. Mentira, todo pura representacion, todo alimento retro para un pueblo históricamente inculto. Y, además, en una desfachatez rayana en el insulto, el muy perillan argumenta la imposibilidad de tener un Vicepresidente que no crea en la democracia española y en su Estado de derecho. Y en vista de ello está dispuesto a incorporar a lumbreras democráticas como Irene Montero Ceacescu o los reconocidos progresistas, Echenique o Mayoral, todos ellos fervientes constitucionalistas. Y además con prontitud que avala su espíritu reformista, propone un cambio del artículo 99 de la Constitución que evite se repita la función por él mismo protagonizada o que le apoyen en posición de abstención los grupos parlamentarios de la derecha. No se conocía un kit político revestido de tal desvergüenza con esa lozanía y frescura del descaro. ¿Pero debemos y tenemos derecho a preguntarnos, si aceptarían el resultado adverso caso de nuevas elecciones? ¿O volveríamos a 1933/34?


No lo duden, están dispuestos a permanecer largo tiempo, si al fin logran llegar, que no dudo. Y se cambiará la Constitución en sus partes más vulnerables al asalto y, el resto del ordenamiento constitucional sufrirá modificaciones significativas, empezando por los Reglamentos de las Cámaras, el sistema electoral o la LO del TC y del CGPJ hasta conseguir manchar las togas con el polvo del camino. Y el derribo medido de la Corona. Y se profundizará en el dirigismo cultural e informativo, en la educación ideologizada y en la ingeniería social hasta borrar cualquier liderazgo de clase media. El feminismo ideológico, la llamada violencia de género, el ecologismo, animalismo u orgullo excluyente y totalitario, no son más que productos nuevos en el escaparate del marketing político. Las izquierdas radicales, el comunismo bolivariano o no y sus confluencias, junto a los independentismos de distinto pelaje, son muchos, pero a la hora adecuada actúan unidos porque saben lo que quieren y cuando es el momento. Las derechas más o menos liberales, más o menos conservadoras, más o menos radicales, no son tantas, pero difícilmente se unen porque apenas saben lo que quieren ni donde está la ubicación oportuna para el momento adecuado. Sin embargo, nuevamente llegó la hora de evitar la imposición de un nuevo modelo. Su construcción comienza la semana que viene.

viernes, 12 de julio de 2019

LA OPINIÓN DE JAVIER PIPÓ


LA AZOTEA


PELIGRO NACIONAL
12 de Julio 2019



A mi que quieren les diga, pero el ensayo de C. Guilluy titulado NO SOCIETY, me produce un profundo desasosiego. Será porque su tesis es de comprobación diaria a nuestro alrededor; en nuestra Nación o en la cercana Europa. Basta un mínimo de sensibilidad en la observación para producir en el espectador – victima pasiva- una reacción que circula entre el miedo y el temor. Los que vivimos la reconstrucción española y europea, tras las tragedias espantosas de las Guerras civil y mundial, viendo cómo se acrecentaba en algo más de cincuenta años, y en paralelo, un espectacular progreso económico sobre el rearme de la moral social y, además, un amanecer esplendoroso de la libertad en una nueva y vigorosa democracia, asistimos entre perplejos y confundidos en este siglo XXI a la marea populista que recorre occidente desde hace veinte años.

Es que, en efecto, nos hemos instalado en la sociedad líquida y en consecuencia relativa. En un mundo globalizado, difícil, complejo, insolidario, desigual, de creciente inseguridad social en base al modelo económico ¿qué modelo? al caos introducido por el llamado multiculturalismo y el comienza con las migraciones masivas desordenadas. Y, además, vemos ya parece definitivamente instalado, lo que Nye ha llamado con acierto poder blando; es decir, el poder sin coacción ejercido a través del dirigismo cultural, los nuevos valores políticos y las novedosas políticas que de ellos derivan. Y en esto, llega Guilluy, y nos dice que el maremoto populista está poniendo de manifiesto el gran secreto de la globalización: la desaparición en occidente de la clase media o de las clases medias; del surgimiento del mundo de las periferias, sobre la ruina de la antigua y parecía que consolidada clase media. Pues eso es aun peor porque hasta ahora, la mesocracia aseguraba la estabilidad del sistema, el progreso continuado, la transmisión de valores permanentes y principios esenciales de paz, seguridad y certeza.

Y creo, sin necesidad de presumir de astucia analítica, que aquí en España y ahora, se podría describir todo ello porque quizá coinciden en el tiempo y en el espacio todos y cada uno de los elementos enumerados. Y lo es dolorosamente, tras medio siglo – escasos años- históricamente inédito y de convivencia política razonable; moral social controlable; libertad y democracia envidiables por desconocidas; paz y seguridad tolerables; conciencia colectiva de proyecto unitario como Nación y progreso económico, en una sociedad de justicia social creciente e igualdad de oportunidades con límites hasta el momento desconocidos.

Y para qué insistir. La Europa de la solución al problema de España; la Europa renacida tras la tragedia de los nacionalismos intolerantes y en continua renovación; una y múltiple; la del pensamiento creativo y la razón ilustrada, con fronteras siempre provisionales. La Europa de la Reforma y la contrareforma; de Trento y Lutero; de Carlos V y Voltaire; de Pizarro o Cortés y Luis XIV o la Reina Victoria del Reino Unido. Pero también la Europa terrible de la intolerancia y el holocausto. Ahora, regida por políticos mediocres y ambiciosos, es la Europa que se debate en crisis y decadencia; la del Brexit, la que trata de encontrar su papel en un mundo polarizado nuevamente, tratando de fijar la soberanía, definida hace casi 450 años por Bodino. Inmersa en un multiculturalismo que casi desdibuja sus raíces cristianas e inunda de islamismo sus barrios, modifica sus tradiciones y neutraliza su justicia. Y claro, también terminará por arrasarla el populismo adueñado - quien iba a decirlo- de los distritos obreros. Es la decadencia de Europa, ya hasta con dificultad para mantener su otrora próspera economía, sus modelos de democracias ejemplares, únicas y envidiables, sus sociedades igualitarias y sus asombrosos Estados de bienestar. El oasis europeo también se encuentra azotado por la inseguridad, la globalización y el multiculturalismo y a no mucho tardar la progresiva desaparición de sus sistemas mesocráticos.

A mí, me importa una higa C`s el PP o Vox. Lo que de verdad importa es el modelo de sociedad en juego; la persistencia del liberalismo como forma ideológica de pensamiento político y modelo de convivencia; el mundo de los valores, principios y creencias; los elementos esenciales de la democracia que permita una vida en libertad, así como el respeto a la dignidad del ser humano formado, educado integralmente en paz y respeto mutuo. Interesa una sociedad equilibrada, de poderes y contrapoderes, de justicia libre e independiente. Interesa el mantenimiento de una Nación unitaria, lograda históricamente en el sacrificio de muchas generaciones, integrada en Europa y respetada internacionalmente. En fin, interesa una sociedad no buenista sino tolerante que posibilite el progreso individual y colectivo, así como el avance en la igualdad de oportunidades.

Pues a nada de ello conduce el sanchismo reinante. ¿Pero que nos quiere vender este trilero ideológico? Él lidera un socialismo intolerante, autoritario, antidemocrático, antiespañol, anti Constitución del 78; contrario a la Transición y sus valores; antinacional en su mamarrachada de “España nación de naciones” muy alejado de la socialdemocracia de Bad Godesberg e iliberal, muy cercano al comunismo soviético, casposo y cavernario de Iglesias. ¿Cómo pretende que le apoyen las formaciones políticas ilustradas y de la razón? Ni con voto ni con abstención porque sería tanto como colaborar a la instalación de una España partida en dos, enfrentada y en situación prerrevolucionaria. ¿Cuál es su modelo de Constitución, de Nación, de sociedad, de economía? Su modelo es el poder sin más, con unidad de funciones; el dirigismo informativo y cultural; la politización educativa y la ingeniería social. Es el mayor peligro de la Nación española.    


           

miércoles, 10 de julio de 2019

LA OPINIÓN DE JULIÁN DELGADO


Será publicado en el Diario mallorquín ULTIMA HORA, el próximo sábado día 13
MÁS AGITADOR QUE MINISTRO
Julián Delgado. Escritor

En Palma, en 1977, organizamos unos cursillos de sexología en la Fundación Dragán, el Instituto Europeo de Formación Permanente, que estaba bajo la dirección de Jaume Mateu, insigne mallorquín que tanto hizo por el desarrollo empresarial de su tierra. Contacté con el Front D´Alliberament Gay para ofrecerle su participación en los cursillos, absolutamente avanzados para el momento. En 1998 publiqué una novela, El sable roto, que denunciaba la persecución, ejercida con la más cruel brutalidad, y la tragedia personal y colectiva que padecieron los homosexuales durante el franquismo, libro que presenté en la sede de la LGTBI de la calle Fuencarral en Madrid. Digo todo esto para que nadie dude de mi posición al respecto.

La marcha del Orgullo del pasado domingo representó todo lo contrario del ideario de aquel Front: un movimiento que promovía la tolerancia, la convivencia, la diversidad frente al gueto en el que la sociedad les había confinado. Más de cuarenta años después, el movimiento se ha convertido en sectario, dogmático y excluyente; un movimiento que autoriza o veta a partidos por su ideología. Han invertido los valores, han pasado de excluidos a excluyentes, de víctimas a victimarios.

El colectivo LGTBI, como el feminismo radical y otras minorías, han sido secuestrados por la izquierda extrema, que otorga carnés y autoriza quiénes y cómo defenderán sus derechos; y establece la estética de la marcha: histriónica, ramplona, provocadora, con la que muchos homosexuales no se identifican.

Las agresiones de que fueron objeto los representantes de Cs., utilizando botellas, orines, escupitajos e insultos de todo tipo incluso el de un culo peludo amagando defecar ante los repudiados, constituyeron una infamia más de esa extrema izquierda que es hoy una ridícula caricatura de la revolución que nunca llegó a realizar.

Si el ministro Grande-Marlaska tuviera una pizca de dignidad, habría dimitido ya. No se puede azuzar a los vándalos señalando el objetivo. El ministro sabe perfectamente que no puede permitirse justificar y alentar agresiones callejeras y que señalar a alguien con el dedo frente a la turba puede tener consecuencias graves. Y quien lo hace nunca puede considerarse inocente.

sábado, 29 de junio de 2019

LA AZOTEA

LA OPINIÓN DE JAVIER PIPÓ



¿DEMOCRACIA SEGURA?
29 de junio 2019





Parece como si ser optimista en esta hora de España constituyera un supremo acto de estupidez; o de dogmatismo interesado; de simpleza ignorante; de huida impulsada por el miedo o de irresponsable temeridad. Conforme pasan las semanas en que el gentío votó lo imposible para alcanzar lo deseable, desapareció del panorama el envidiable bipartidismo y se instaló un multipartidismo caótico y asfixiante que seguramente traerá más dificultades que soluciones a esta difícil Nación. Y como si obedecieran un mandato bien programado se afanaron en explicar a la “ciudadanía” que así debía ser, múltiple y variado como dicen es la sociedad o la opinión que en ella circula.


Y con argumento no más complejo se destruyó un sistema sólido y eficaz de gobernación que lleva progreso, estabilidad y certeza a los países más prósperos que lo mantienen; haciendo girar los sistemas democráticos y representativos sobre los dos modelos que alimentan la vida política occidental desde hace casi doscientos cincuenta años: el socialismo democrático y el liberalismo conservador o progresista. Con versiones más o menos ortodoxas o integradoras, con leyes electorales que permitan agrupar a los afines o simplemente el acercamiento dentro del orden constitucional. Pero sistemas que han logrado preservar la libertad individual y colectiva y el avance de la civilización basada en la razón ilustrada.


El zapaterismo, seguido de su proterva criatura el sanchismo, parece que más eficientemente estructurado, ha logrado eliminar el consenso de la vida política española, el respeto al pasado histórico y a cualquiera de sus valores y principios; soslayando lo que separa en un hermoso intento de encontrar puntos de encuentro en lo esencial; olvidando y perdonando errores tantas veces trágicos de un lado y otro. Ahora, en la era negra del zapasanchismo, de forma perversa y suicida se remueve del pasado hasta las sepulturas y se busca con descaro estúpido el enfrentamiento entre territorios, grupos, ideas, familias y personas. Ya está España nuevamente dividida en dos mitades irreconciliables, enfrentadas por el odio, la venganza y el resentimiento. Es como una herencia genética incurable, como una maldición colectiva que el tiempo vuelve a recrear en una macabra rueda de la Historia.


De manera que de forma implacable se va cumpliendo el programa de desmembramiento nacional, ante el asombro de los pertinaces optimistas y el cinismo descarado del inmenso coro de tertulianos, aduladores y pesebristas del poder, incrustados en un formidable monopolio del dirigismo informativo, inédito desde la prensa del Movimiento. Y ello ha resultado relativamente sencillo tras el trillado camino de cuarenta años de cesiones y retrocesos del Estado en el que, de forma gozosa desde la derecha más reaccionaria, a la burguesía ilustrada pasando por un empresariado trincón y subvencionado, han participado de un irresponsable happening que va desde la escuela a la universidad, de los centros culturales y cuerpos intermedios al deporte patriótico, desde los pulpitos impíos a los llamados medios de comunicación debidamente engrasados con  presupuesto público y ponzoña ideológica de mercadillo. Y ello, en Cataluña y en el País Vasco, desde mucho antes de la actual alianza estratégica entre los conocidos y despreciables Partidos que lideran la tragedia. Y como el resultado es de eficacia probada, ya se extiende por Valencia, Galicia y Baleares, con el mismo y exitoso método. Y sus gobiernos pues ya ven. Ahí está el catalán, presidido por un sicópata capaz de escupir sobre el Estado que indebidamente lo financia, al resultar ya vecino y en consecuencia extranjero y a cuyo Monarca nadie invitó a pisar su tierra soberana. O el vasco, cuyo lendakari o algo así, resulta modelo de cursilería finolis y cinismo en el blanqueo terrorista. Traición y desfalco continuado con o sin Cupos de risa, privilegiados por Conciertos que suenan como antiguallas, incompatibles con el modelo federal al que caminamos tras experimentar el fracaso del federalizante autonómico que sufrimos.


Y la izquierda antidemocrática que nos gobierna, alejada de la socialdemocracia y cercana al mas rancio populismo comunista, se reserva para golpear con su nuevo modelo de “nación de naciones”. ¿Pero desde cuando el socialismo marxista o no, populista o comunista deja el internacionalismo para instalarse en el nacionalismo de vía estrecha? Pues desde que la derecha añorante de una nación con Estado adelanta a la izquierda en un radicalmente falso progresismo que comienza en el nacionalismo cultural no tan lejano. Pero unos y otros ya encontraron punto de fusión en el destino común que les espera y ennegrece nuestro futuro.

El retroceso de la democracia, de la que conocemos en la Europa del pensamiento y la libertad, ha comenzado ya. En España con el sanchismo y seguramente en Europa de la mano de personajes como Macron o de los que añoran los escasos pero duros años del fascismo. Y hoy, el retroceso comienza precisamente en las urnas y eso, lo saben los sanchistas, los comunistas de Iglesias y los secesionistas vascos y catalanes. Los liberticidas siempre utilizan las instituciones democráticas para liquidar la libertad de manera legal o casi, y siempre gradual. Y aprovechan de este mundo inseguro el miedo creciente a la libertad. Nada más duro que el aprendizaje de la libertad, decía Tocqueville, por eso, este mundo nunca será seguro para la democracia. Pues en ello estamos afanados.                





viernes, 28 de junio de 2019

LA OPINIÓN DE JULIÁN DELGADO


Artículo que será publicado mañana sábado día 29 de Junio en el Diario Ultima Hora de Mallorca, en sustitución de EL CALVARIO DE CIUDADANOS, editado aquí ayer, pero que preferimos mantener

 

 

TEATRILLO

Julián Delgado. Escritor

 

 

No deberíamos dejarnos engañar por ese teatrillo armado por Moncloa, esa pantomima alrededor de los pactos poselectorales, que lo único que pretende es hacer creer a los ciudadanos que Sánchez, debido a la irresponsabilidad del centro derecha, que no le presta apoyos para su investidura, se ve obligado a buscarlos en los partidos independentistas. Un sofisma con el que envuelve todas sus falacias, pues antes que poner a España en manos de quienes la quieren destruir, siempre le queda la convocatoria de nuevas elecciones.

 

Pero Sánchez tiene decidido desde hace tiempo formar gobierno con las fuerzas que le dieron apoyo en la moción de censura. En primer lugar, Navarra fue empleada por Zapatero como moneda de cambio en la negociación para que ETA dejara de matar, compromiso que el actual presidente respeta. Además, los votos de Podemos, PNV y la abstención de Bildu garantizan a Sánchez la investidura y la aprobación de los PGE. Así pues, Navarra está condenada a la vasquización forzosa, a hablar en euskera y a la manipulación de su cultura e historia, y España a ver a Otegui en TVE.

 

El PSOE, secuestrado por su líder, que después de haber realizado una depuración estaliniana en su partido, y tras haber colocado la mordaza a sus barones, prefiere siempre marchar unido al nacionalismo, por el cual siente una extraña fascinación. Lo mismo le ocurre con el comunismo, ante el cual sufre complejo por considerar que es el defensor más puro de los anhelos de la izquierda. No hay que olvidar que Sánchez está donde está gracias al sector de su militancia más radical del partido. 

 

Todos los partidos con escaños son legales y legítimos, dice Celaá, que, a la vez, afirma con el mayor de los cinismos: Vox es una fuerza de ultraderecha que pensamos no debía estar en las instituciones. Blanquea a los pistoleros, a los asesinos de sus compañeros Lluch y Múgica, a los que los homenajean, a los que intentan trocear España, y condena a la víctima, Ortega Lara. Es la pérdida de la dignidad política, la deslealtad a la nación y una afrenta a la dignidad democrática. Que se cuide Sánchez de su matrimonio de conveniencia: la deslealtad y la traición están grabadas en el ADN del separatismo y del marxismo.


 


jueves, 27 de junio de 2019

LA OPINIÓN DE JULIÁN DELGADO

Artículo que será publicado en el Diario Ultima Hora de Palma, el próximo sábado día 29 de Junio
EL CALVARIO DE CIUDADANOS
Julián Delgado. Escritor

Dado que Cs. nació como escisión del PSC a consecuencia del descontento con el rumbo nacionalista de este partido, con vocación de sustituir a CiU y PNV en la función de bisagra con los dos grandes partidos nacionales, para librarles de las hipotecas egoístas que les imponían a cambio de su apoyo, parece razonable que, tras las últimas elecciones, hubiera formado con el PSOE un gobierno de coalición, trazando unas línea rojas en el terreno esencial de la política territorial. Hubiera proporcionado un gobierno estable durante cuatro años, alejado de veleidades nacionalistas, evitando la influencia de Podemos y el miedo del empresariado a un Gobierno formado por socialistas y comunistas, pudiendo haber extendido este pacto al ámbito autonómico y local.
Pero desde su fecha fundacional hasta ahora, han pasado muchas cosas. La más importante es que Cs. se hizo, primero, con los votantes del PP en Cataluña y, cuando salió de su feudo, la mayoría de votos los obtuvo también de votantes de derecha desencantados con el partido de Rajoy, por lo que no podía mantener como hegemónica ese alma inicial socialdemócrata so pena de perder votos.
La moción de censura, con el apoyo de los partidos separatistas, marcó para Cs. un antes y un después respecto al PSOE, insoportable para un partido que hace de la unidad de España motivo esencial.  Ese foso entre ambos partidos se agrandó con las concesiones a ese mundo hechas por Sánchez en su año de gobierno y se refuerza ahora con la entrega de Navarra.
Por otra parte, al consolidarse como un partido nacional, Cs. se planteó dejar atrás aquel limitado objetivo de ser un partido bisagra y aprovechar la crisis del PP para afrontar el reto de convertirse en el partido líder de la derecha. Así fue como, con la promesa de no pactar con el PSOE, obtuvo un excelente resultado electoral; pero fracasado en su empeño de ser el primer partido de la derecha y perdida su función de bisagra, su futuro queda supeditado al PP; y el de Sánchez a las alianzas con Podemos y los nacionalistas. O a un panorama de nuevas elecciones que consolidarían al PSOE y al PP.

sábado, 15 de junio de 2019

LA AZOTEA


La Opinión de Javier Pipó

PARTITOCRACIA
15 de Junio 2019



Pues no creo deba nadie impresionarse por el espectáculo chusco y de baja calidad democrática que desde la celebración de todo el repertorio posible de elecciones, dan los partidos que a ellas se presentaron; aunque sinceramente, quizá mucho antes. Existe desde luego consenso en la inexistencia de democracia en ausencia de partidos políticos ejerciendo la representación que le es propia; parece condición necesaria e imprescindible, pero no suficiente Y aunque ciertamente el multipartidismo no cala en el constitucionalismo hasta después de la SGM - ya ven, la Constitución de 1931 ignora su existencia- el caso español y quizá italiano, rebasan lo tolerable al convertir el Estado en rehén de sus manejos y a sus líderes en administradores de los intereses generales. Y no es así porque no debe ser, salvo que se acepte como degeneración del sistema. Ciertamente son de libre creación, como producto del derecho de asociación constitucionalmente reconocido. Pero no son órganos del Estado, ni sus actos son actos de un poder público, porque no son titulares de ninguno de ellos, tal como tiene reconocida reiterada jurisprudencia del TC. Son formaciones u organizaciones sociales con relevancia constitucional, dice la STC 23/1984, cuya libre creación y actuación garantiza el propio texto constitucional. Pero se apoderaron del Estado, de sus instituciones, de sus poderes, ocupando toda la vida pública y política. Y la están degradando.

Parece como si componer la expresión del pluralismo político, como valor superior que representan, o constituir nada menos que, instrumento para la participación política establecido en el artículo 6 de la CE, se encontrase ya desfasado o desdibujado por imperativos y necesarios criterios de imposición ideológica, encuadramiento partidista y adoctrinamiento masivo a través de eficacísimos monopolios de comunicación. De manera que quizá podríamos recordar lo que decía Paul Valery sobre las elecciones partidistas, que no representan más que una manera de interrogar sobre cosas que se ignoran.

El relato descriptivo de los dirigentes que figuran al frente de las distintas formaciones políticas, salvo excepciones que las hay y de excelente solvencia, resultaría actividad de crueldad infinita ante el espectáculo sencillamente penoso de idiocia generalizada, tosquedad intelectual, ignorancia de alardes manifiestos y amoralidad de consecuencias nefastas para la comunidad de intereses que decía Agustin de Hipona o el bien común del que ya nos advertía Tomás de Aquino. Ejemplares como Colau, Torra, Rufián, Echenique, Quichi, Lastra, Abalos o Calvo, por solo citar unos pocos protagonistas de la actualidad cotidiana, ilustran como una sociedad avanzada, totalmente alfabetizada, con índices de educación universitaria equiparable a sociedades altamente desarrolladas, incluso inmersa en el despilfarro de la opulencia, vive ajena a la degradación del nivel intelectual de sus representantes, con el riesgo de envilecimiento de las instituciones y en ultima instancia de la democracia misma. Escuchar sus continuas invocaciones, con frases e ideas prefabricadas en laboratorios ideológicos, produce desesperación. No conocen más pasado que el saturado de mentiras y medias verdades con el que construyen su corta memoria histórica; ni más violencia que la ideológica que llaman de género, mayormente pasional, presente incluso en las mas desarrolladas sociedades, ajena a una exigencia total de legislación que se cumpla, en orden al respeto en la igualdad, la libertad y la dignidad de la mujer; ni más relato de pensamiento que el emanado de la teorías políticas marxistas, cuando no leninistas o estalinistas, a las que tienen la enorme desfachatez científica, histórica y política de denominar progresistas y los gobiernos conjuntos, de progreso.

Y tras ellos la Nación, en trance de desaparición desmembrada a trozos, con golpistas achulados y retadores que, en el supuesto de sentencia condenatoria a la altura de sus fechorías, serán impunemente indultados por un gobierno felón o puestos en libertad por las autoridades carcelarias de la republica catalana, donde serán remitidos; será un golpe de Estado continuado. O una hermosa Constitución- incluida la monarquía- en vísperas de revisión progresista que la despoje de identidad histórica. O la modificación del TC, Banco de España, Tribunal de Cuentas, AIREF o cualquier entidad independiente que sea capaz de contradecir la verdad gubernamental. Al fin, es la víspera del enterramiento de Montesquieu y el pensamiento Ilustrado, dando nacimiento a la nueva justicia restaurativa impartida en tribunales de la Verdad definida.

Y mientras, un Estado del bienestar incapaz de financiarse, por la fuerza centrípeta de diecisiete miniestados burocratizados, costosos, intervencionistas, necesitados de progresivos presupuestos; ya ven la Junta de Andalucia, más de 36.000 millones de euros incapaz de recaudarlos ni gastarlos, pero eso sí, con perspectiva de género. Con la Seguridad Social ya quebrada y salvada mediante deuda y préstamos que jamás devolverá.  Como el déficit y la deuda de la Administración Central. Y unos desequilibrios territoriales dignos de estudio académico. Y el drama que está representando la desindustrialización con caída hasta el 12,6 % del PIB, cuando en 1980 representaba casi el doble, mientras que solo el turismo alcanza más del 15% y el sector servicios, en general, llega al 75%. Y para que hablar de la necesidad de un esfuerzo en investigación y en general en una educación desideologizada, de calidad donde prevalezca la ley del esfuerzo.

Pero no. Ya vieron como en el bochornoso espectáculo, en ayuntamientos y CV, prevaleció la ley del Partido y los intereses de sus líderes. Por nuestro bien. Porque estamos en el tránsito desde la democracia a la partitocracia. Pues eso.